¡Mamá, me voy de casa!
- Giuseppe Nesma
- 1 dic 2017
- 3 Min. de lectura

Que rico es despertarse todas las mañanas con un desayuno calientito hecho por mamá o en su defecto por nuestra ya consentida empleada del aseo. Después irse a trabajar y volver lo suficientemente cansado como para poder disfrutar de tu cuarto arreglado de una manera impecable.
Nada como ese pasto que está cortando el jardinero y que te irrumpe directamente en el cuello antes de entrar a casa o qué tal ese olor tan especial que te hace reconocer que al fin llegaste a tu hogar y; porque no, nada como sentarte a ver la tele y convivir con la familia mientras cenas un exquisito platillo.
A decir verdad, esa sensación la deje de tener a temprana edad. A pesar de que seguía viviendo con mis padres y obviamente disfrutaba de su compañía y hospitalidad, mi madre siempre nos educó, que a pesar de que hubiera una persona que nos ayudara con la limpiez
a, era nuestra obligación hacer nuestras camas, lavar la ropa y porque no siempre después de cada comida recoger y lavar los trastes. Era un poco fastidioso y en ese momento no lo lograba entender, pero es que ahora las cosas tienen otro panorama.
El concepto de familia en mi país de origen es como una mezcla homogénea de personas en donde todos nos juntamos como muéganos de lunes a domingo a todas horas del día, y lo más bonito que tenemos los mexicanos es que convertimos a cualquier persona en parte de nuestro núcleo familiar.
En fin, son pocos los jóvenes que por diferentes causas asociadas al tema deciden quedarse en casa y a pesar de que en México, la mayoría de las jóvenes se casan a temprana edad, la tradición de compartir todo en familia nunca se deja a un lado.
En mi caso, a mí me toco diferente o para ser más preciso nunca crecemos con un instructivo de cómo tenemos que vivir o cómo va a ser nuestra vida. Algunos van siguiendo las olas al compás del mar y otros nos sumergimos en ese mar sin saber en qué parte de él vamos a salir.
Pues nada, llegó el momento de marcharme, de dar ese gran paso en el que te vas con los pantalones bien puestos y te sientes “Juan Camaney”. La ventaja de la juventud es que hay veces que no piensas las cosas antes de hacerlas, pero el hacerlas y acertar o equivocarte te hacen aprender y sacar una gran experiencia de la situación.
La primera vez que me fui de casa, lo hice con mi mejor amiga, pero subsidiado por la cartera de mi padre,
después tras la separación de mis padres me tocó mudarme al norte de la ciudad y luego, a mi forma de ver las cosas, me llegó la hora de alistarme para zarpar no solo de casa sino a un sitio totalmente desconocido y al otro lado del mundo.
Cuando te vas de casa, te vas dejando muchas cosas, pero no solo las comodidades sino ese olor familiar que te ayuda a salir adelante día a día.
Sería mentira decir que crecer no duele y que te enfrentas con una serie de situaciones que te hacen estar susceptible a desesperarte o ser más sensible. La vida se trata de tener paciencia y moldear las situaciones a tu manera encontrándoles un mejor sentido.

En esta aventura, me he topado con amigos, que el simple hecho de meterse a la cocina o a áreas del aseo les causa conflicto. Por mi lado, no puedo quejarme porque mi madre me dio las herramientas necesarias para poder salir adelante. Pero eso no significa que esté bien o mal. Nadie nace sabiendo, no hay una fórmula exacta y sobretodo son pocos los que deciden enfrentarse a la independencia y a valerse por si mismos.
Ojo, no hay un tiempo exacto para estar dentro o fuera de casa, he entendido que cada quien construye su futuro como quiere, pero si algo les puedo decir es que la experiencia de la independencia, en todos los sentidos, no tiene precio.
Los que vivimos solos y fuera de nuestro país, nos enfrentamos a diario sobre si hicimos lo correcto, sí vale la pena todo lo que hemos dejado y lo único que puedo decir a todo esto es que:
- Mamá, me fui de casa. Me estoy enfrentando conmigo mismo, con mi realidad, pero estoy orgulloso no sólo de la persona que formaste; sino de las fuerzas que tengo para salir adelante; que junto con muchísimos jóvenes lucho a diario por ser alguien en el mundo, por volar alto y seguir soñando pase lo que pase.










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